sábado, 28 de agosto de 2010

ROBERT GRAVES

SER O QUE SOU
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Por Pablo García Mejía 
Posiblemente leer una biografía sea similar a sacar un extracto de la médula que contiene el alma del biografiado. Sin embargo, no todo es tuétano y nostalgia revivida y recreada. También hay estiércol entre las espuelas. Para Richard Perceval Graves, sobrino de Robert Graves, no tan sólo se trata de seguir las huellas de su ilustre tío sino de rehacer el pasado a partir de los acontecimientos que magullaron y por momentos resquebrajaron el corazón del poeta. 
En realidad se trata de dos biografías reunidas por el mismo autor: El asalto heroico (1895 - 1926), que abarca la infancia y participación que tuvo en la Primera Guerra Mundial así como su vida familiar después de la guerra; y Los años con Laura (1926 - 1940) que cubre el tiempo que vivió con la poetisa norteamericana Laura Riding. También parte de este material está apoyado en la propia autobiografía que Robert Graves escribió a los 33 años: Adiós a todo eso, cuando aún le faltaban 57 años por vivir. De tal manera que son 3 biografías en una y las 3 son incompletas (aunque ninguna deja de ser interesante) pues Robert Graves muere hasta 1985, es decir, 45 años después de esta última biografía. 
Robert Graves creyó desde muy joven en su inmortalidad y en su magnifica poesía, pero dejó un poco de lado su vena novelística, en donde realmente fue grandioso, sobre todo en la novela histórica con Yo Claudio novela que se ha convertido en un clásico de nuestro tiempo: 

Esta novela no deja de ser jocosa desenfada y divertida, comienza el extraordinario camino del placer de la lectura histórica. Sin embargo, los encuentros configurados con la literatura están ramificados e impregnados de poesía: todo gran escritor debe de nutrirse de la poesía, aunque jamás escriba poemas, desde luego, este no es el caso de Robert Graves, pues toda su vida fue regida por una Diosa que se transfigura constantemente es el ente femenino: la Diosa Luna o Musa: ella es la Diosa Blanca a la que nunca se puede traicionar, es la gran representación del arte en general y para Graves en poesía. 

Robert Graves fue siempre un ser de principios poéticos, es por esa razón que la Diosa Blanca lo envolvió desde muy pequeño con su velo; y por su lealtad a la Musa siempre fue compensado en el terreno poético y literario, en sus primeros años, de alguna manera, influyó o se encarnó en su madre Amalia Elizabeth Sophie von Ranke, quien lo alentó en todo momento, más adelante en Nancy Nicholson su primera esposa. No obstante, durante su adolescencia tuvo que sortear algunos escaños, como el creer que su gran afecto por su amigo, Robert Nicholson, era un enamoramiento que lo acercaba al mundo gay, y en una carta enviada a su amigo le dice: " No me gustaría que creyeran que soy homosexual declarado aunque sólo fuera de pensamiento y no llegara más lejos." Tiempo después, la Diosa hizo su tercera aparición, ahora en su esencia , es decir, como poetisa: un día cualquiera, Robert se encuentra leyendo Fugitive una revista norteamericana y encuentra un poema: The Quids cuya autora era una poeta estadounidense llamada Laura Riding Gosttchalk. 
Así, para un poeta todo comienza con un poema y Robert entusiasmado con el poema le escribe a la poetisa, de esta manera comienza un carteo lleno de coincidencias poéticas, luego, ocurre lo inevitable: ella viaja a Inglaterra y se conocen, ahora se aman, él se distancia de su esposa y sus hijos y se va con Laura, con quien vive durante 14 años intensos, hasta que los desencantos y los desencuentros se hacen más frecuentes. Posteriormente, conoce a su tercer mujer: Beryl Pritchard, con quien por fin vive la vida serena que tanto ambicionaba. 
Para Richard Percevel Graves no fue nada fácil escribir una biografía de su admirado tío pues tomar la distancia necesaria para encontrar al hombre con sus virtudes y defectos, es imposible la mayoría de las veces por la subjetividad a la que se enfrenta la persona que sigue las huellas del biografiado y quedar atrapadoen su propio círculo para convertirse en rehén de su familia y sentimientos. Sin embargo, el autor le tiene más amor a la legitima historia de ese hombre extraordinario que fue Robert Graves y logra traernos en bandeja de oro el recuerdo y las vivencias del gran poeta y escritor que siempre honró a la Diosa Blanca la Diosa Luna: ella la Diosa de todos los poetas de todos los tiempos. 
Richar P. Graves, Robert Graves. Biografía 1895 - 1940. Editorial Edhasa. Traducción Lucia Graves y Elena Lambea. España, 1992. 462 pp. 

Pablo García Mejía 
Ciudad de México

02/05/2009

LA POESÍA DE ROBERT GRAVES

Publicado en Poesía tagged  a 15:47 por retratoliterario
Robert Graves
Robert Graves
Reconocidísimo autor de obras como Yo, Claudio -más, quizás, por la adaptación a televisión- o Los mitos griegos, y desconocido absolutamente en el género que más apreciaba: la poesía. Y como poeta, sabía perfectamente que su material de trabajo, la palabra y el lenguaje, es el principal obstáculo para acceder a una realidad que, antes, sin palabras, nos llegaba de una forma inmediata, directa, pero inexpresable:
Children are dumb to say how hot the day is,
How hot the scent is of the summer rose,
How dreadful the black wates of evening sky,
How dreadful the tall soldiers drumming by.
But we have speech, to chill the angry day,
And speech, to dull the rose’s cruel scent.
(…)
There’s a cool web of language winds us in,
Retreat from too much joy or too much fear.
El lenguaje es esa “telaraña envolvente”, que aparentemente nos protege, pero que no deja de tener su sentido de “trampa”. Quizás por ello, Robert Graves defendió siempre las formas tradicionales, la rima, sin dejarse, confiado, en manos de la mera palabra que domina el versolibrismo, como en su poema Free verse:
I now delight
In spite
Of the might
And the right
Of classic tradition,
In writing
And reciting
Straight ahead,
Without let or omision,
Just any little rhyme
In any little time
That runs in my head.
Formas tradicionales que servirían para dominar esa “telaraña”, para domarla en favor de la expresión a la búsqueda del enfoque correcto. Haremos bien en preguntarnos cuál es el enfoque poético y tradicional de Robert Graves, y lo encontraremos en el prólogo de La diosa blanca:
Mi tesis es que el lenguaje del mito poético (…) era un lenguaje mágico vinculado a ceremonias religiosas populares en honor de la diosa Luna, o Musa (…) y que éste sigue siendo el lenguaje de la verdadera poesía, «verdadera» en el moderno sentido nostálgico de «el original inmejorable y no un sustituto sintético». Ese lenguaje fue corrompido (…).
(…) La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita. ¿Pero «en la actualidad»? La función y la utilidad siguen siendo las mismas; sólo la aplicación ha cambiado. Esta era en un tiempo una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta la advertencia, ha trastornado la casa con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria, y se ha arruinado a sí mismo y a su familia. La «actual» es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía.
Estas palabras son la base fundamental para entender, tras las primeras obras de experiencia bélica -Fairies and Fusiliers (1917)- la posterior peculiaridad poética de Graves: la fidelidad a la grámatica del lenguaje del mito poético frente a la poética “moderna” y “actual”, industrializada, civilizada… el impulso dionisíaco frente a la hija del apolíneo socratismo, cabría decir -tan próximo, por ello, a Nietzsche. La poética de Graves no es la del clasicismo purista que pretende dominar a la Musa -identificada con la mujer y en general con la Diosa Blanca-, sino aquélla que se sabe dominada por ésta, la que tiene una comprensión del mito y su lenguaje:
El poeta clásico, por mucho talento o ingenio que tenga, no pasa la prueba porque pretende ser el amo de la Diosa; ella es su ama solamente en el sentido despectivo de quien vive en ociosidad coquetona bajo su protección. A veces, ciertamente, él es su alcahuete: trata de realzar la atracción de sus versos adornándolos con «bellezas» tomadas de poemas auténticos
Incluso identifca una poesía que quiso reintroducir su concepción poética, pero que se vio rápidamente frenada y pervertida, como fue el romanticismo:
La palabra «romántico», útil mientras abarcaba la reintroducción en la Europa occidental, por parte de los autores de romances en verso, de una veneración mística por la mujer, ha sido corrompida por el uso indiscriminado. El poeta romántico típico del siglo XIX era físicamente degenerado, o enfermizo, aficionado a las drogas y a la melancolía, peligrosamente desequilibrado y verdadero poeta solamente en su respeto fatalista por la Diosa como la señora que regía su destino.
Así, sus poemas traen bosques - An English Wood- en los que el poeta explicita la ausencia de Arpías, Grifos, Bardos, Satiros, Toros, y todo es quietud, verde hierba, puesta de sol, árboles inofensivos:
Here are no harpies fledged,
No rocs may clap their wings,
Nor gryphons wave their stings.
Here, poised in quietude,
Calm elementals brood
On the set shape of things.
(…)
Here nothing is that harms -
No bulls with lungs of brass,
No toothed or spiny grass,
No tree whose clutching arms
Drink blood when travellers pass,
No mount of glass;
No bardic tongues unfold
Satires or charms.
(…)
Only, the lawns are soft,
The tree-stems, grave and old;
Slow branches sway aloft,
The evening air comes cold,
The sunset scatters gold.
Small grasses toss and bend,
Small pathways idly tend
Towards no fearful end.
Fácilmente encontraremos en los poemas de Graves bosques, árboles, naturaleza habitada de seres mitológicos -recordemos el poema Faun- y fábulas como, por ejemplo, aquélla The Frog and the Golden Ball. El espíritu poético dominante es el del niño, que, como hemos visto al comienzo, está más próximo a una realidad que le resulta inexpresable en palabras -como en Nietzsche- y al que llega a convertir en el modelo de poeta en Babylon:
The child alone a poet is:
Spring and Fairyland are his.
Truth and Reason show but dim,
And all´s poetry with him.
El espíritu del niño es un ser intacto, pura armonía con el alrededor, sincero “yo quiero” -que diría Nietzsche-, que se vuelve perfecto vehículo poético para la llegada de la Musa. El contraste en estos versos entre la primavera natural, el reino fantástico de las hadas, y la verdad y razón que se muestran borrosas, tenues. Vemos con ello que hay, en Graves, un hilo de irracionalidad, de entrega incondicional y amorosa a la encarnación de la Musa, pero en una pasión trascendente que no necesita de la carne. La Musa desciende sobre el poeta, y éste trasciende el enamoramiento hasta, incluso, contar los látidos de vida -Counting the beats- proclamando la belleza del aquí y ahora:
Where shall we be,
(She whispers) where shall we be,
When death strikes home, O where then shall we be
Who where you and I?
Not there but here,
(He whispers) only here,
As we are, here, together, now and here,
Always you and I.
Counting the beats,
Counting the slow heart beats,
The bleeding to death of time in slow heart beats,
Wakeful they lie.
Aunque, en el amor, existen unos síntomas -como si de una enfermedad se tratara- que invitan a una heroica valentía, a una lucha infatigable para la que se ha de estar preparado:
Love is universal migraine,
A bright stain on the vision
Blotting out reason.
Symptoms of tru love
Are lenness, jealousy,
Laggard dawns;
Are omens and nigthmares -
Listening for a knock,
Waiting for a sign:
For a touch of her fingers
In a darkened room,
For a searching look.
Take courage, lover!
Could you endure such pain
At any hand but hers?
El poeta habla de su Musa, una mujer cada vez, en la que los síntomas se reproducen y repiten; mujeres que han sido poseídas por la Diosa, por la fuerza inspiradora, que no permanece en una sola, sino que, en su esencia, es continua espera: la Diosa es inmortal y la mujer mortal:
This they know well: the Goddess yet abides.
Though each new lovely woman whom se rides,
Straddling her neck a year or two or three,
Should sink beneath such weight of majesty
(…)
Woman is mortal woman. She abides.
La Diosa, la Musa, se encuentra depositada en todo: la naturaleza, el sí mismo, la trascendencia religiosa, el pasado inmemorial, la pureza y el amor. Por ello, el gran tema poético de Graves es, precisamente, la devoción a la Diosa hallada en todo lado, esquina y rincón de la vida y del mundo. Y por ello, la única utilidad de la poesía, como vimos antes, es la invocación religiosa de la Musa:
El motivo de que los pelos se ericen, los ojos se humedezcan, la garganta se contraiga, la piel hormiguee y la espina dorsal se estremezca- cuando se escribe o se lee un verdadero poema, es que un verdadero poema es necesariamente una invocación de la Diosa Blanca, o Musa, la Madre de Toda Vida, el antiguo poder del terror y la lujuria, la araña o la abeja reina cuyo abrazo significa la muerte.
El mito antiguo, en su pureza y autenticidad, sabía de esta función y de la condición del poeta; sólo allí, en el mito griego, en los bardos galeses, en el ollave irlandés, encuentra Robert Graves la autenticidad poética a la que sirve, de la que es complice y continuador, frente a toda otra poesía “moderna”, devota del clasicismo apolíneo.
Graves terminó asentado en Deià (Mallorca) sobre el Mediterráneo, el mismo mar de Jasón, de las Nereidas, de la isla de Hefesto, el de Ulises y Eneas, donde otros sitúan la Atlántida, aguas que, al fin y al cabo, fueron el centro de la vida y del mito de fenicios, egipcios, cartagineses, griegos y romanos, el enclave perfecto para quien quiere acercarse a un mundo distinto del que se siente heredero.
Héctor Martínez
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SHARON OLDS

SER O QUE SOU
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. Sharon le dijo "no" a la Casa Blanca
Texto completo de la carta de Sharon Olds a Laura Bush

0410 - Sharon Olds (San Francisco, 1942) es una de las poetas contemporáneas más leídas en los Estados Unidos. Su poesía, de sabor confesional y prosaico, ofrece temáticas del amor y la maternidad con una actitud y visión poco frecuentadas en la poesía norteamericana.
"¿De qué no se ha escrito en un poema? ¿Cuál es la función del poeta en la sociedad? ¿Para quién se escribe poesía?" son preguntas formuladas por la propia Olds que evidencian su compromiso con múltiples dimensiones de la condición humana.
Entre sus libros que se destacan, Satan says (1980), recibió el premio de inauguración del San Francisco Poetry Center; así mismo, su segundo libro publicado, The dead and the living (1984), fue galardonado por la Academia de Poetas Norteamericanos. Otros de sus poemarios son The gold cell (1987), The father (1992), y The wellspring (1996)

Sharon le dijo no a la Casa Blanca

La poetisa estadounidense Sharon Olds, que se opone a la guerra en Irak, ha declinado la invitación que le envió Laura Bush para participar en un festival literario y cenar en su compañía, y afirmó que "no tendría estómago para ello".
"Tantos estadounidenses que han sentido orgullo de su país se sienten ahora angustiados y avergonzados por el actual régimen de sangre, heridas y fuego", escribe Olds en su carta a la primera dama que divulga hoy la revista The Nation en su sitio en internet.
"Pensé en los limpios manteles en su mesa, los cuchillos relucientes y en las llamas de las velas y no podría tener estómago para ello", concluye la poetisa, que cuenta en su haber con un premio del National Book Critics Circle y es profesora en la Universidad de Nueva York.

Olds explica en su misiva que, en cierta forma, la invitación a intervenir en el Festival Nacional del Libro, previsto para el próximo sábado en Washington, asistir a una cena en la Biblioteca del Congreso y desayunar en la Casa Blanca, es"muy atractiva".

Subraya que participar en un festival al que asisten 85.000 personas y la posibilidad de hallar nuevos lectores, es algo que personalmente ilusiona a cualquier poeta.

Añade que también pensó en cómo podría expresar, de forma respetuosa, "mi hondo sentimiento de que no debíamos haber invadido Irak" y que invadir otra cultura y otro país, con la consiguiente pérdida de vidas, "no es algo que surge de nuestra democracia sino que fue una decisión tomada en las alturas".

La poetisa afirma que después de una profunda reflexión no puede afrontar la idea "de compartir el pan" con la primera dama estadounidense y señala que, si me sentara a su mesa, "sentiría como si estuviera aprobando lo que considero como acciones salvajes y arbitrarias del gobierno Bush"

Texto completo de la carta de Sharon Olds a Laura Bush
A LAURA BUSH
Primera Dama
La Casa Blanca

Querida señora Bush,

Le escribo para hacerle saber por qué no puedo aceptar su amable invitación para una lectura el 24 de septiembre en el Festival Nacional del Libro ni asistir a su cena en la Biblioteca del Congreso ni tampoco al desayuno en la Casa Blanca.

En cierto modo se trata de una invitación muy apetecible. ¡La idea de poder hablar en un festival al que asisten 85.000 personas es tentadora! La posibilidad de encontrar a nuevos lectores es apasionante para una poetisa desde el punto de vista personal y, asimismo, por el deseo de que la poesía sirva a sus electores, a todos aquellos de entre nosotros que necesitamos el placer y la inspiración interior y exterior que proporciona.

Además, el concepto de una comunidad de lectores y escritores hace tiempo que me alegra el corazón. Como profesora de escritura creativa en la facultad de una importante universidad he tenido la suerte de participar en algunos magníficos talleres de escritura, en los que nuestros estudiantes se convirtieron en profesores. Durante años, ellos han dado clases en sitios diversos: una prisión de mujeres, diversos institutos públicos de la ciudad de Nueva York, una sala de oncología infantil. Hace ya veinte años que funciona nuestro programa inicial en un hospital estatal de 900 camas para personas gravemente disminuidas, lo cual ha permitido el nacimiento de amistades duraderas entre jóvenes candidatos al doctorado en Bellas Artes y sus estudiantes, residentes crónicos hospitalarios que con su humor, su coraje y su sabiduría se convirtieron en profesores nuestros.

Cuando se ha sido testigo de cómo alguien que no puede hablar ni casi moverse explica detalladamente su nuevo poema con un dedo del pie, letra a letra, en un gran tablero alfabético de plástico, se ha conocido de cerca la pasión y la esencia de la escritura. Cuando se ha sostenido un pequeño tablero alfabético de cartulina ante una escritora que no puede hablar y sólo puede mover los ojos, y señala para ella primero la A, luego la B, después la C, la D, hasta llegar a la primera letra de la primera palabra de la primera línea del poema que la mujer ha estado componiendo en su cabeza toda la semana, y ella alza sus ojos para decir que sí cuando se toca dicha letra, se ha sentido con tibia inmediatez el deseo humano de la creación, de la expresión personal, de la exactitud, de la honradez y del ingenio, así como la importancia de la escritura, que celebra el valor de la historia única y de la música interior de cada persona.

Por eso la perspectiva de un festival de libros me pareció maravillosa. Pensé en la oportunidad que se me ofrecía para hablar sobre cómo iniciar un programa más vasto. Pensé en la posibilidad de vender algunos libros, de firmar algunos libros y conocer a algunos ciudadanos de Washington, DC. Pensé que podría intentar encontrar la manera, incluso como su invitada, con respeto, de hablar sobre mi profunda convicción de que no deberíamos haber invadido Irak, y declarar mi convencimiento de que el deseo de invadir otra cultura y otro país -con el consiguiente resultado de pérdidas de vidas y amputaciones entre nuestros valientes soldados y entre los no combatientes en su propio territorio- no surgió de nuestra democracia, sino que fue en cambio una decisión tomada «desde lo alto» e impuesta al pueblo con un lenguaje deformado y con falsedades. Esperaba expresar el miedo de que hayamos empezado a vivir en las sombras de la tiranía y del chovinismo religioso, la antítesis de la libertad, la tolerancia y la diversidad a que aspira nuestra nación.

Traté de ver el camino libre para asistir al festival y dar testimonio -como estadounidense que ama a su país y sus principios y su escritura- contra esta guerra no declarada y devastadora.

Pero no podría soportar la idea de compartir el pan con usted. Sé que si me sentara a comer a su lado sentiría como si estuviese perdonando lo que considero acciones salvajes y arbitrarias de la Administración de Bush.

Lo que se me venía a la mente era que yo estaría tomando los alimentos de la mano de la Primera Dama, que representa a la Administración que desencadenó esta guerra y que desea su continuación, incluso hasta el punto de permitir la «rendición extraordinaria»: el transporte de personas a otros países, donde serán torturadas para nosotros.

Muchos estadounidenses que se sentían orgullosos en nuestro país ahora sienten angustia y vergüenza por el actual régimen de sangre, mutilaciones y fuego. Pensé en los limpios manteles de su mesa, en los cuchillos brillantes y en las llamas de las velas, y no pude aguantarlo.

Afectuosamente,

Sharon Olds
 
Versión en inglés - Fuente The Nation - September 19, 2005
Laura Bush
First Lady
The White House
Dear Mrs. Bush,
I am writing to let you know why I am not able to accept your kind invitation to give a presentation at the National Book Festival on September 24, or to attend your dinner at the Library of Congress or the breakfast at the White House.
In one way, it's a very appealing invitation. The idea of speaking at a festival attended by 85,000 people is inspiring! The possibility of finding new readers is exciting for a poet in personal terms, and in terms of the desire that poetry serve its constituents--all of us who need the pleasure, and the inner and outer news, it delivers.
And the concept of a community of readers and writers has long been dear to my heart. As a professor of creative writing in the graduate school of a major university, I have had the chance to be a part of some magnificent outreach writing workshops in which our students have become teachers. Over the years, they have taught in a variety of settings: a women's prison, several New York City public high schools, an oncology ward for children. Our initial program, at a 900-bed state hospital for the severely physically challenged, has been running now for twenty years, creating along the way lasting friendships between young MFA candidates and their students--long-term residents at the hospital who, in their humor, courage and wisdom, become our teachers.
When you have witnessed someone nonspeaking and almost nonmoving spell out, with a toe, on a big plastic alphabet chart, letter by letter, his new poem, you have experienced, close up, the passion and essentialness of writing. When you have held up a small cardboard alphabet card for a writer who is completely nonspeaking and nonmoving (except for the eyes), and pointed first to the A, then the B, then C, then D, until you get to the first letter of the first word of the first line of the poem she has been composing in her head all week, and she lifts her eyes when that letter is touched to say yes, you feel with a fresh immediacy the human drive for creation, self-expression, accuracy, honesty and wit--and the importance of writing, which celebrates the value of each person's unique story and song.
So the prospect of a festival of books seemed wonderful to me. I thought of the opportunity to talk about how to start up an outreach program. I thought of the chance to sell some books, sign some books and meet some of the citizens of Washington, DC. I thought that I could try to find a way, even as your guest, with respect, to speak about my deep feeling that we should not have invaded Iraq, and to declare my belief that the wish to invade another culture and another country--with the resultant loss of life and limb for our brave soldiers, and for the noncombatants in their home terrain--did not come out of our democracy but was instead a decision made "at the top" and forced on the people by distorted language, and by untruths. I hoped to express the fear that we have begun to live in the shadows of tyranny and religious chauvinism--the opposites of the liberty, tolerance and diversity our nation aspires to.
I tried to see my way clear to attend the festival in order to bear witness--as an American who loves her country and its principles and its writing--against this undeclared and devastating war.
But I could not face the idea of breaking bread with you. I knew that if I sat down to eat with you, it would feel to me as if I were condoning what I see to be the wild, highhanded actions of the Bush Administration.
What kept coming to the fore of my mind was that I would be taking food from the hand of the First Lady who represents the Administration that unleashed this war and that wills its continuation, even to the extent of permitting "extraordinary rendition": flying people to other countries where they will be tortured for us.
So many Americans who had felt pride in our country now feel anguish and shame, for the current regime of blood, wounds and fire. I thought of the clean linens at your table, the shining knives and the flames of the candles, and I could not stomach it.
Sincerely,
SHARON OLDS

MARÍA GOWEN BROOKS

SER O QUE SOU

Una norteamericana, un poema y un cafetal cubano

María Gowen Brooks, reconocida poetisa norteamericana comenzó a escribir hacia 1823, en Cuba, las primeras estrofas de su gran poema Zophiël
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Luis Sexto
sexto@enet.cu
27 de Agosto del 2008 0:28:48 CDT
María Gowen Brooks. La llevé hasta ahora como un fantasma a horcajadas sobre mi cuello, como a otras figuras llegadas a mí tras el cristal aneblinado del enigma. Paradójicamente echaba sobre mi cabeza las brumas y el frío del Norte batiendo su mano en el aire cálido y fresco del valle de Guamacaro. Se me encimó en una referencia imprecisa mientras leía un libro que en una de sus páginas mencionaba un célebre poema escrito en el cafetal de San Patricio, Limonar, en la jurisdicción de Matanzas, por una autora de lengua inglesa, conocida por el seudónimo de María del Occidente.
En 2004 publiqué en Juventud Rebelde una crónica acerca de esa, mi nueva obsesión de periodista interesado en los episodios más ocultos y aparentemente menos importantes de la historia. Tras contar sucintamente mi encuentro con una poetisa sin nombre en el libro Notas sobre Cuba, del médico norteamericano John G. Wurdemann, formulé un reclamo a la usanza del Viejo Oeste norteamericano, cultura fílmica del niño que creció entre el galope y los estampidos de aquella cinematografía de vaqueros violentos fabricados según la truculenta estética de Hollywood. «Se busca una poetisa. Mil... gracias por su captura».
Wurdemann, que visitó a Cuba tres veces entre 1841 y 1843, recorrió la zona cafetalera de Limonar. De improviso, vestido ligeramente, acariciado por un viento fresco, recuerda bajo una yagruma a su país natal donde sus compatriotas intentan protegerse del invierno. Y admite que «es quizá esta inesperada vida estival la que le da tanto interés al paisaje de Cuba, y que, combinada con el benigno clima, extiende un aire de paz sobre todo el país». Al pasar por el cafetal de San Patricio escribe: «Junto a uno de los paseos arbolados (...) se alzaba una pequeña construcción de piedras, enyesada con cuidado, con unos peldaños delante de su entrada; pero no tenía techo y crecían arbustos en su piso y en su pórtico, mientras que las puertas y las ventanas hacía tiempo que le habían sido quitadas (...) Pero desierto y ruinoso como estaba (...) aún parecía, por los recuerdos que evocaba, un oasis en el desierto». La edificación había sido el estudio donde María del Occidente, en 1823, empezó a componer Zophiël, «el más imaginativo de los poemas ingleses» de acuerdo con Wurdemann.
Desde entonces intenté saber quién era María del Occidente. Y supe que la poetisa norteamericana María Gowen Brooks, apodada María del Occidente por el poeta inglés Robert Southey, comenzó a escribir hacia 1823 las primeras estrofas de su largo poema basado en el episodio bíblico de Sara, cuando residía en el cafetal de San Patricio, propiedad de su hermano, adonde llegó después de enviudar de un esposo 30 años mayor. La poetisa se había casado con tanta desventaja tras fallecer su padre, hombre de aficiones literarias.
Zophiël, «ángel de alas rápidas», nombre que según Milton significa «espía de Dios», recibió el punto final en 1829. Pero el primer canto fue concluido el 30 de marzo de 1825, de acuerdo con la fecha del prólogo donde la autora explica sus propósitos. He logrado traducir imperfectamente este párrafo: «Deseando hacer un esfuerzo continuo en un arte que, aunque casi en secreto, se ha adorado y asiduamente cultivado desde la más temprana infancia, era mi intención haber escogido algún incidente pagano de la historia. Pero, examinando los anales judíos, me decidí por seleccionar para mi propósito, una de sus historias más conocidas que, además de su belleza extrema, parecía abrir un camino para la imaginación que podría ser útil no solo en las verdades importantes y elevadas, sino agrandando las creencias populares».
María Gowen Brooks, nacida en Medford, Massachussets, presumiblemente en 1794, mereció que Southey la reconociera como «la más apasionada e imaginativa de las poetisas» y que Edgar Allan Poe la elogiara y mencionara en algunos de sus artículos literarios. Murió en 1845, víctima de «fiebres tropicales» luego de regresar a Cuba en 1843, según establece su ficha biobibliográfica, aunque no precisa si el deceso ocurrió en la Isla o en los Estados Unidos. Hoy pocos la recuerdan...
Algo más de la obra de Mrs. Brooks se relaciona con los años que la poetisa vivió en Cuba. Al parecer el clima y el paisaje la conmovieron e influyeron en el desarrollo de su sensibilidad, pues también escribió un Adiós a Cuba y un volumen autobiográfico titulado El valle del Yumurí, paraje típico de la geografía de la actual provincia de Matanzas.
Un crítico, compatriota de la autora, dudaba de que Zophiël hubiera podido escribirse en una plantación cubana. Y Wurdemann, afiebrado ante lo que estimaba una injusticia, alegó en sus Notas sobre Cuba que nunca pudieron tener mejor cuna las imágenes ideadas por la poetisa. «Una hacienda cafetalera es, en verdad, un edén perfecto, superior en belleza a todo lo que el frío clima de Inglaterra puede producir».
Ya nada queda de San Patricio. La habitación donde María Gowen Brooks escribió el primer canto de su gran poema pasó de las ruinas al polvo, como casi todos los cafetales cubanos a partir de los años 40 en el siglo XIX. Del poema permanece el nombre, Zophiël, que ahora quizá solo interese a la curiosidad de algún lector.